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OSTENSIÓN DE LA SÁBANA SANTA


Carta pastoral de 1997

1. Porque esta carta
En la luz de la Santa Navidad, ya próxima, y mientras termina el año 1997 dedicado a Jesús Cristo, en vista del gran Jubileo, a nosotros turineses la Providencia reserva todavía el don de detenernos en la memoria de Jesús, en el Espíritu, gracias a la Ostensión de la Sábana Santa en la próxima primavera.
Es esa circunstancia que me induce a entonar mi salutación y felicitación navideña, queridísimos diocesanos, a este acontecimiento particular: por otra parte el enlace que une, en la historia de Jesús, la gruta de Belén con la de la tumba es real; siento por eso que no me alejo del maravilloso don de la Encarnación de la Palabra, si les llevo a la memoria como El, después de que "vino a ser carne" (Jn 1,14), "padeció en la carne" (1Pe 4,1) por nuestra salvación.
Las vicisitudes del Santo Lienzo, y de la misteriosa huella que le hace único al mundo, son muy relacionadas, como sabemos, con la piedad turinés. Deseo por lo tanto, como Pastor de la Diócesis, decir unas palabras para hacer resaltar la importancia de la Ostensión, y para iluminar su penetrante mensaje.

2. Una Figura única.

No quiero, con esta carta, tratar las cuestiones que se agitan entorno a la Sábana Santa, y que los varios investigadores tratan según sus competencias; su trabajo, tan apreciable, nos da una suma de informaciones muy apta a la mentalidad del hombre de hoy también por lo que concierne el hecho religioso. Mi intención es más bien espiritual y pastoral, en el deseo de ayudar la piedad de los cristianos y el interés de todos. Estoy convencido en efecto que la razón por la cual la Sábana Santa es llenamente aceptable está en la eficacia y en la potencia, que verdaderamente no se puede igualar, de la Icona que nos ofrece: Icona tan llena de realismo evangélico en torno a Jesús crucificado.

La Sábana Santa se presenta, así como es, con la inmediación de la imagen; está hecha para ojos que tienen que verla y contemplarla, para imprimirse después en las mentes como objeto de consideración, en las conciencias como remisión a la conversión, en los corazones como invitación a corresponder el amor del Salvador allí tan vivamente evocado.


Solamente Dios conoce estos caminos, que constituyen en mi opinión la verdadera significación de la Ostensión, y que empiezan todos por "tener fija la mirada", como nos recuerda el autor de la carta a los Hebreos (Heb 12,2).
La Sábana Santa es imagen, e ya de esta manera se impone con una eficacia que se puede decir única: en efecto, siendo un objeto visible, como lo son todas las imágenes, ejerce como una atracción que ayuda quien la mira a entrar en el mundo invisible, donde llega a ser fácil un encuentro con el Anuncio tan propio a Jesús, y a Jesús crucificado solamente. No pienso expresar, diciendo estas cosas, impresiones personales sino la experiencia de muchas personas que hablaron y escribieron de esto, divulgando el encanto misterioso e innegable de esta Figura única.

3. La atención pastoral a la Sábana Santa.
Basándome sobre esta fuerza representativa tan reconocida, creo poder proponer una verdadera pastoral de la Sábana Santa.
¿Que quiero decir con esto? Quiero decir que el efecto espiritual de la contemplación de la Sábana Santa puede traducirse en sentimientos de conversión, en frutos de penitencia y de novedad de vida, hasta despertar en las conciencias un impulso de evangelización: todo esto autoriza a indicar la Ostensión como un momento fuerte en nuestro camino, momento que hay que ayudar y preparar con cuidado. La historia de la piedad hacia la Sábana Santa ha sido siempre y solamente la de un acercamiento nuevo, diferente de los demás, a las grandes narraciones evangélicas de la pasión, muerte y sepultura de Jesús: para quien no conoce estas narraciones, la Icona de la Sábana Santa no dice absolutamente nada más de la historia de un hombre supliciado por la crueldad de otros hombres.

En el contexto de los santos Evangelios, en cambio, la figura de un desconocido toma un nombre, porque para él que tenga el recuerdo de Jesús la imagen del Lienzo se hace enseguida inconfundible. Precisamente por eso he elgido como mote para la Ostensión de 1998:

"Todos los hombres veran tu salvación"

 

La Sábana Santa diseña, con impresionante reproducción, el retrate del Salvador sumido en el sufrimiento para nosotros, y nos atesta una muerte total, sin ficciones posibles.

En efecto ha sido observado varias veces que entre la figura de la Sábana Santa y el contenido de las narraciones evangélicas existe una relación tan estrecha que es practicamente imposible considerarla "casual". De esta conexión entre la Figura y los textos nace así una adhesión que, gracias a la imagen, se acerca a la historia terrenal, tan violenta, del Señor crucificado; de este encuentro pueden nacer muchas otras cosas.


En esta misma elevación de Jesús se basa en efecto la verdadera espiritulidad de la Sábana Santa, que a veces puede alimentar una pastoral: son pocos elementos pero tanto incisivos que producen optimos frutos de vida cristiana.


4. Unos puntos relevantes.
Yo les invito, queridos peregrinos de la Sábana Santa, a encontrar de nuevo en ustedes mismos, mirando aquella Figura, unas vibraciones espirituales, y me permito indicarles algunas de ellas.

a) ) una oración nueva.
La Figura de la Sábana Santa, en si misma, nos ofrece para ver sólo un hombre destruido por el suplicio; sin embargo no es un sentimiento de puro y simple horror él que ella causa; hay en la Sábana Santa una remisión, como ya he acordado, y también un mensaje de paz arcana, que llevan a recogerse y rezar. Y no me parece que se trate de una oración sólita, porque el misterio de Jesús crucificado por amor nuestro la hace más recogida y piadosa; creo que es difícil sustraerse a la necesidad de expresar de alguna manera, delante de la imagen de la Sábana Santa, un rebosar de afición, de gratitud, y también de fidelidad; esta conmoción no es pasajera y puede quedarse en la memoria también entre los compromisos cotidianos de la vida, dada du característica excepcional.

 

b) descubrir de nuevo la anulación del Señor.
La Sábana Santa es , sin duda, la figura de la kénosi de Jesús humiliado "hasta la muerte" (Flp 2,8). No se puede separar de algun modo de la realidad de la tumba; no vemos, en ella, ni luz ni vida: habría que quedarse más de buena gana sobre esta consideración. Aquí nos encontramos delante de la fin, irreparable, vemos un hombre maltratado y desfigurado sin misericordia. La Figura de la Sábana Santa no tiene ya dignidad humana y social, y cada uno de sus particulares nos descibe el camino real de la distrucción. ¡Como estamos lejos de la idea de resurrección! Es verdad que, por contraste, la luz pascual brillará aun más vivida, pero por ahora son visibles a nuestros ojos la nada de la muerte y el hielo del cadáver. Y es verdaderamente aquí la remisión a la indescriptible humiliación de Dios hecho hombre, me atrevería a decir a la enormidad del escándalo. No podemos pues no ser llamados con grande fuerza a la sensación de la humildad total, de la muerte que también nosotros tenemos que vivir, del hecho que hemos sido "consepultados" con El en el bautismo.

c) la memoria de los que han sido amados.
Los creyentes saben que el Hombre crucificado esta allí porque, come él había dicho, ha donado la vida para sus amigos. El nos ha "comprado con su sangre" (Hch 20,28). Ahora la imagen de la Sábana Santa nos impone, llamándonos a esas verdades, hacernos meditativos: si es verdaderamente esta la medida del amor, del que hemos sido amados, y que tenemos que devolver, ¿cómo viviremos mejor de ahora en adelante? Es como si tocaramos una medida de amor que tiene que seguir perturbándonos, porque es la profundidad del amor de Jesús Cristo que sigue llamándonos, y esta es una grande perspectiva espiritual y pastoral. En la Sábana Santa además lo que nos impresiona es lo que vemos de definitivo: para llegar hasta allí Jesús se ha alejado de cualquier duda, y verdaderamente de allí nos enseña lo que tiene que ser la victoria moral como es pedida de nuestra llamada.

 

d) la medida de la victoria sobre el mal.

Nos pasa, en la vida, ser tan a menudo oprimidos y desalentados por la cantidad de los malos: ni la invocación a Dios :"Líbera nos del mal" logra consolarnos mucho, porque nuestra esperanza es débil. Así razonamos y nos portamos demasiadas veces como si el mal fuese victorioso en el mundo. Sin embargo sabemos que no es así! Pues bien, la Icona de la Sábana Santa nos acuerda también que en la muerte de Jesús, la Palabra de Dios, ya se ha cumplido la Victoria, y que nosotros vivimos en la gracia, abundante y continua, de ese Acontecimiento.

Yo invito por lo tanto a considerar en la Figura de la Sábana Santa la memoria de Dios que en hacerse hombre ha llegado a la anulación, pero no por eso ha sido vencido, al contrario ha salido, como sabemos bien, victorioso sobre el mal y la muerte.

Nosotros no estamos en poder de satanás, porque pertenecemos ya a Dios; de la Figura de la Sábana Santa llega a a nosotros, a nuestra necesidad de esperanza, el solemne mensaje no de la muerte sino de la Vida.

 

Unas conclusiones

La Ostensión de 1998 se presenta como un acontecimiento destinado a envolver una gran cantidad de personas y Entes, y a tener en consecuencia vasta resonancia. Mientras me dirigo, con particular gratitud, a todos los que en varias maneras cooperaran a la Ostensión, deseo todavía remachar su sentido espiritual-pastoral. Es precisamente este el resultado que espero.

Como Obispo pido a todos los fieles de la Diócesis de rezar antes y durante la Ostensión, porque el Senor Jesús quiera hacer de ella también esta vez un acontecimiento de gracia.

Nosotros veremos innumerables peregrinos venir, con un camino que empeña y cansa; tenemos que acompañar su fe con nuestra fe, porque sabemos que la peregrinación siempre prefigura el alcance de la Vida, y es por eso un recorrido de grande significación; la Ostensión es un tiempo de gracia, podrá hacer conocer en todos la seguridad de la vocación hacia Jesús Cristo. Por eso decía, empezando, que la Providencia nos reserva todavía el don de prolongar, gracias a la Ostensión, la memoria del Salvador.


Invito todos al más grande espíritu de acogida hacia quien llega como peregrino, y con vosotros me recomiendo a María, la Virgen Consolada patrona de la Diócesis; la Virgen podrá también hacernos participar de sus sentimientos de "Mater dolorosa" y concientes de que la Salvación dona la felicidad como cosecha crecida de una siembra de llanto: "Los que siembran con lágrimas segarán aún con clamor gozoso"(Sl 126,5). Renuevo a todos, del corazón, las felicidades santas para la próxima Navidad, y pido para mi y para vosotros que las Iconas del Niño Jesús, y de Jesús crucificado, enciendan en vuestras almas el fervor sereno y serio del que, en estos tiempos de la nueva evangelización, tenemos gran necesidad.

Cardenal Giovanni Saldarini,
Arzobispo de Turín



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