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EL INCENDIO

  1. Una noche de angustia
  2. Carta a la ciudad
  3. El reconocimiento después del incendio

3. El reconocimiento después del incendio

La Sábana Santa
 

 

Lunes 14 de abril de 1997 la Sábana Santa quedó desarrollada durante 13 horas en la casa del Guardián Pontificio. Eran las 9,30 cuando el Cardenal Saldarini hizo transportar el Lienzo en la "sala de los retratos" del los obispos y eran cerca de las 22,30 cuando la tela, recompuesta, fue llevada otra vez en un lugar seguro.

Inmediatamente después de que había sido llevada de la Catedral, la caja fue sometida a un primer reconocimiento externo, que averiguó que adentro y afuera de la caja no había nigun signo de daño; el envuelto sellado de la Sábana Santa había sido llevado afuera de la caja y dejado cerca de ella, para que cualquier posible huella de humedad pudiese alejarse; el lunes por la mañana el envuelto fue puesto otra vez en la caja para ser transportado en la "sala de los retratos".

Eran presentes los que se había podido reunir de los miembros de la comisión para la conservación de la Sábana Santa, que trabaja desde casi seis años: del extranjero había sido alcanzada sólo Mechthils Flury-Lemberg, de nacionalidad suizo-alemana, autoridad a nivel mundial para la conservación de tejidos antiguos; eran presentes también unos representantes de los entes nacionales dedicados a la conservación del patrimonio antiguo presente en Italia.

Como cualquier intervención relacionada con la Sábana Santa, también esta, no prevista y necesaria por una circumstancia dramática, fue intencionalmente realizada en un clima religioso. El cardenal, antes de quitar los sellos, leyó, junto al canciller, el Salmo 22, el mismo rezado por Jesús sobre la cruz: "¿Dios mio, Dios mio, porqué me has abandonado?" Todo el día pasó en el clima de aquel recuerdo, hecho extraordinariamente vivo por la imagen de la Sábana Santa.

El notario arzobispal dió lectura del verbal del traslado de la Sábana Santa en la noche de viernes-sábado y después apuntó en el acta todo lo que había que cumplirse, para entregar oficialmente al futuro el recuerdo de lo que estaba pasando.

Controlados y cortados los sellos, la Sábana Santa fue tendida sobre una grande mesa, con prolongación (la sábana mide m 4,36 y es alta en media m 1,10) y cubierta por sábanas esterilizadas, pedidas expresamente a una clínica.

A este punto se repitió una secuencia a la que muchos estaban preparados: luces encendidas, luces apagadas, luces a media intensidad, prueba con lámparas de socorro. La imagen de la Sábana Santa no se concede tan facilmente a la vista: se necesita una luz discreta, que no se puede ni teorizar en las modalidades, y es necesario dejar que la vista se acostumbre. Después, poco a poco, surge aquel cuerpo con los signos de las más crueles torturas, aquel rostro tan raro, en sus características de figura al negativo fotográfico, y al mismo tiempo tan rico de serenidad y de paz.

Para la contemplación no había mucho tiempo, porque se necesitaba una verificación particularizada, llamando los recuerdos y confrontando las fotografías del 7 de septiembre de 1992, cuando se hizo la última ostensión privada en presencia de la misma comisión que cumplió estrictamente con la tarea que se le había dado, sin proceder a ninguna medida, pero observando sólo "de visu" cada particular, con atención especial a eventuales huellas de humedad y a la situación de los pliegues. Mientras por las primeras fue fácil tomar acto, por parte de todos, que la sábana estaba en optimas condiciones, perfectamente seca, por las segundas se repitió la penosa impresión de los pliegues presentes un poco en toda parte. Se renovó entonces el convencimiento que las recomendaciones hechas en febrero del año pasado por la comisión tuviesen que ser actuadas para evitar cualquier empeoramiento de la situación y quizá para también amejorarla un poco.

Cuando ya había sido difundido el comunicado de prensa, se modificó la decisión de encerrar la Sábana Santa, para dejar todavía "tomar aliento" al tejido. La Sábana Santa quedó, por lo tanto, tendida sobre la mesa de la grande sala (con las ventanas siempre cerradas) hasta la noche muy tarde. Durante todo aquel tiempo siempre hubo alguien para hacer de "guardia de honor" (y no solamente).

Mirándola tendida sobre aquella mesa, ocurrían las expresiones del bombero que, después de haberla sacada de la teca de cristal en el coro de la catedral, en la noche del incendio, y recibido el encargo de llevarla afuera de la catedral, decía que tuvo la impresión de llevar en los brazos a un niño. La sábana, tendida sobre otras sábanas, protegida sólo por la funda, la famosa "tela de Olanda", yacía inerme, totalmente a disposición de la voluntad del hombre. Sin embargo tampoco la voluntad del hombre era determinante para decidir lo que tenía que ocurrir a aquella sábana. Llegados a una conclusión interlocutoria, era espontáneo mirar atrás a una historia llena de misterio.

Ahora es necesario dejarle descansar de nuevo, en espera de aquel acontecimiento que podrá ayudar el camino de la fe de muchos hombres. Menos de doce meses nos separan de la ostensión solemne del próximo año.

 

Giuseppe Ghiberti
Vice presidente de la Comisión para la Ostensión

 

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