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El incendio2. Carta a la ciudadInmediatamente después del incendio que destruyó la capilla del Guarini y después del salvamento de la Sábana Santa, el Cardenal Giovanni Saldarini, Guardián Pontificio de la misma Sábana Santa, escribió a los ciudadanos de Turín esta carta. Queridos, vivimos dias en que nuestra ciudad ha sido
tocada , probada en sus realidades profundas. El
incendio que dañó gravemente la capilla de la
Sábana Santa y un ala de Palacio Real , provocó
grandes daños pero lenvantó también la
atención y la emoción La inspección cumplida el lunes pasado sobre la Sábana Santa confirmó que ella no padeció daños de algun tipo. Sin embargo propio el dramático incendio ha confirmado la absoluta necesidad de realizar un proyecto amplio y general sobre la conservación. Algunos pasos significativos e importantes se han cumplido en estos dias en esa dirección. La conservación de la Sábana Santa y del complejo arquitectónico que la hospedea tiene una significación que va más allá del valor religioso, científico, histórico de la reliquia: llega a ser también, de alguna manera, una "apuesta civil" que envuelve todos, como el dramatismo de los acontecimientos de estos dias ha demonstrado. La realidad es que la Sábana Santa, "icona maravillosa de la Pasión", como la defino PabloVI, atrae a Jesús Cristo, es una realidad que inevitablemente evoca la de la pasión y de la muerte del Señor. Es en este nudo profundo, en este misterio de fe en la resurrección justo en presencia de la muerte, que esta la priemera y verdadera "preciosidad" de la Sábana Santa de Turín. En el misterio de la fe: no es su "verdad" científica; y se me conceda decirlo una vez más y por todas, no en las teorias y en proclamas que, de varis partes y diferentes contextos, se relanzan y amplifican: teorias y proclamas que muy poco tienen a que ver con la investigación científica y nada con la visión de fe. El desastre del incendio ha herido gravemente la ciudad. Nuestro patrimonio histórico, artístico, cultural ha padecido un golpe durísimo. En este momento quiero renovar mi caluroso agradecimiento a los que se han dedicado a luchar contra las llamas y a salvar la Sábana Santa; y al mismo tiempo espero que procedan rapidamente las investigaciones para llegar a aclarar la verdad de los acontecimientos, y las eventuales responsabilidades. Un agradecimiento particular va también a las autoridades de gobierno, nacionales , regionales y locales, para las previsiones que han sido prometidas, para que sea posible empezar en seguida las obras de reconstrucción. Es un "gracias", también, a los que, asociaciones y particulares, han querido demonstrar su interés y solidariedad concreta telefoneando, escribiendo, participando a las subscripciones abiertas por diferentes organismos. En estos dias se han levantado polémicas, como era previsible y quizas inevitable; pero esta situación ha hecho redescubrir a todos, turineses y no, algunas cosas importantes. Antes que todo la afición de los turineses a su Catedral, además que a la Sábana Santa. Más allá de la curiosidad, antes de la indignación por un patrimonio perdido, viene la peregrinación ininterrumpida de personas, turineses y provenientes también de lejos, que en la plaza San Giovanni se han parado para mirar y rezar; de los que el domingo pasado, en el sanctuario de la Consolata como en muchas otras iglesia de la diócesis, han rezado para la Sábana Santa, para la Catedral, para esta nuestra Iglesia probada. Muchas veces se dice que la Catedral es el "Corazón de Turín": en alguna manera, aunque dramaticamente, el incendio de anoche ha confirmado cuanto esto sea verdadero y sentido. La tremenda confrontación con el fuego ha representado, ya lo dije, una llamada y una prueba para tods nosotros. Una prueba de nuestra fe, y al mismo tiempo de nuestra capacidad de no renegar nuestras raices: los valores del patrimonio histórico y artístico no son tales solamente en cuanto obras de artes insignes y testimonios de nuestro pasado: lo son, antes y más, en cuanto testimonio de una 'historia sagrada', la historia de nuestra fe que sigue ininterrumpida desde hace veinte siglos. La belleza del arte atestigua el ingenio del los hombres y la inspiración de la fe que los hombres de épocas pasadas supieron realizar. Propio esta continuidad nos impone, como contemporáneos del Tercer Milenio,conservar y valorizar estos patrimonios. El incendio es una herida abierta también porque, como ha sido relevado de varias partes, nos interpela sobre el cuidado de nuestro amplísimo patrimonio artístico e histórico. ¿Cómo no desear que todo el esfuerzo posible se haga para que episodios similares, si originados por la negligencia y no por el dolo, no se repitan mas? Hay un trabajo de "educación" de los ciudadanos y de las instituciones, que en la mayor parte hay que actuar, que es siempre más urgente. Los monumentos, me parece, no hay que conservarlos sólo para la posteridad o para los beneficios turísticos que garantizan: hay que conservarlos antes que todo para nosotros ciudadanos, para que nos alimentemos de nuestra historia y sepamos enriquecernos trasmitiéndola. La próxima ostensión de la Sábana Santa en1998 llega a ser entonces - también a causa del incendio - una ocasión aún más preciosa de acogida y de conocimiento recíproco, con peregrinos que vendrán de todos lados del mundo. En estos meses el trabajo de preparación a la ostensión ya había entrado en el vivo: con mucho trabajo, mucho "moverse" para organizar.... El fuego nos ha llamado, brutalmente, a lo esencial. Agradeciendo una vez más los que se han movido en las horas del incendio y en estos dias, con gestos concretos y con testimonios de solidariedad, empezando por Su Santidad Juan Pablo II, creo que sea mi deber recordar, a los turineses antes que todo, que el "signo" de la Sábana Santa, el misterio de este Hombre de los Sufrimientos, debe de ser para todos nostros un estímulo para caminar en la dirección de una mayor solidariedad, para construir una fraternidad profunda entre nosotros y con todos los hombres. + Giovanni Card. Saldarini
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