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El incendio1. Una noche de angustia
La noche entre viernes 11 y sabato 12 de abril 1997, media hora antes de la medianoche, el cielo de Turín ha sido iluminado por la hoguera de la cúpula de la Sábana Santa. Las llamas empezaron por los andamios que ceñian el tambor de la cúpula y después se difundieron al interior de la construcción y a la ala oeste del adyacente Palacio Real donde se había concluido una cena de gala en honor del Secretario de las Naciones Unidas Kofi Annan. La plaza todavía era desierta cuando una joven de vuelta de un concierto rock bajó del tram en la calle XX Settembre, justo en frente a la Catedral. Levantados los ojos vee las primeras llamas: como por instincto saca la cámara que había utilizado en el concierto y toma una serie de fotografias que documentan las primeras fases del incendio. La hoguera es todavía pequeña y forma una corona a la base de la cúpula. Después de poco las llamas se levantaron, después de una hora el fotógrafo de "La Stampa", el principal diario ciudadano, tomará la fotografía que abrirá el periódico del dia siguiente. Bajo el título "Hoguera en Turín, destruida la Catedral" se veen las llamas morder las delicadas estructuras barrocas pensadas en el '600 de Guarino Guarini. Es la misma forma de la cúpula, una especie de cono compuesto por arco sobrepuestos, a transformar la construcción en una chimenea tragicamente eficiente. Llegan los bomberos y se ponen a luchar contra la tragedia con sus bombas. Sutiles figuras en la noche sobre los techos, sobre las escaleras, en cada rincón de la iglesia y de Palacio Real donde es posible luchar contra la destrucción de patrimonios de arte y de cultura que el pasado había entregado a esta generación y que ahora parece huirnos de los dedos come arena cerrada en un puño. Llegan las autoridades y también ellas condividen emociones y sentimientos con la gente que de mano en mano se apiña entorno a la Catedral. Hay el Prefecto, los máximos grados de las fuerzas públicas. El alcalde de Turín, Valentino Castellani, dice que considera aquello "el dia más feo de su vida". Pero quien no puede faltar y en cierto modo resume todo el drama de la comunidad ciudadana y de la de los creyentes es el Pastor de la iglesia de Turín: el Cardinal Giovanni Saldarini. Entra, el obispo, entraen su iglesia Catedral y queda allí petrificado a contemplar la ruina. Sus sentimientos son los de todos. Sus preguntas las de los Turíneses: ¿cómo a ocurrido, de dónde han salido las llamas, cómo pueden ser ya tan altas? Y después, no podía ser de otra manera, el pensamiento corre a la Sábana Santa. El sagrado lino es testimonio de su segundo incendio, como durante la hoguera de Chambery de 1532 está encerrado en una caja de plata. Esta vez es arrollado entorno a un bastón y no doblado y, sobre todo, está en una teca de cristal antiproyéctil expresamente construida a las espaldas del altar mayor de la Catedral. Los cristal antiproyéctil y antihundimiento hacen su deber y protegen la sábana; si la Sábana Santa estuviese en su precioso altar a la base de la cúpula casi seguramente no existiría más. El caso o la Providencia han querido que saliese de nuevo indemne de las llamas porque la cúpula había sido sometida a una restauración. Por eso el Sagrado Lino había sido desplazado del lugar en que solitamente era conservado. Y asi el obispo pide que se salve la Sábana Santa: la sábana que lleva la icona del hombre crucificado llega a ser de alguna manera el símbolo de una comunidad, de una ciudad que no quiere ceder a la fatalidad del desastre, a la violencia de los elementos primordiales: el fuego, el agua y el aire que en la noche combaten contra la belleza y la armonía creada por el hombre. Se moja largamente la teca con potentes chorros de bomba de incendio pero los peligros de caidas se hacen siembre más amenazadores: la capilla de la Sábana Santa se yergue propio sobre la zona del presbiterio de la Catedral y es todavía llena de tubos del andamio para la restauración. Tubos que ahora se doblan en si mismos fundidos por el inmeso calor como una grotesca escultura moderna. No hay más tiempo para los planes y las delicadezas; o se quita la Sábana Santa de la teca o no habrá más ninguna Sábana Santa para estudiar y para exponer dentro de un año. No importa si los cristales son anti hundimineto, anti incendio, anti todo: un bombero empieza a pegar con su porra sobre a quel cristal tecnológico. Un golpe después de otro los cristales se agrietan, se mellan y después ceden a la fuerza de los músculos y de la disperación. Los guantes de trabajo del bombero entran así en la "Sancta Santorum" de la teca y arrancan la caja de la Sábana Santa de las llamas. Cuando finalmente se lleva afuera el lino, en la plaza san Giovanni, la gente que asiste atónita al desastre aplaude con un sendido fuerte de liberación. La Sábana Santa de Turín es todavía viva!
El bombero que ha hundido el cristal y que ahora, sangrante por las astillas, tiene en la mano la caja de la Sábana Santa es extenuado. Respira con dificultad con la boca abierta y su rostro es contraido en una especie de mueca. Se ha ganado un lugar en la historia: Mario Trematore non será olvidado. El heroismo "normal" de un hombre acustumbrado a luchar todos los dias contra la muerte acaba cuando entrega la Sábana Santa a los policías, que la llevan a la Curia, a casa del Obispo de Turín que es su guardián. El sol vuelve a surgir sobre una ciudad que, en su gran mayoría, sabe sólo en a quel momento la noticia. Las llamas han dejado de gritar y la luz muestra heridas que no se podrán cicatrizar. La cúpula ha padecido el insulto mayor: los mármoles negros apenas restaurados yacen en tierra desmenuzados, las estructuras de madera non existen más y también las de albañileria han padecido graves daños a causa de las altísimas temperaturas emanadas por las llamas. Habrá en efecto casi enseguida que rodear la cúpula en un aro de cables de acero para contrastar la tendencia al deshacerse de las paredes. Un mes y medio después del desastre los ingenieros non saben todavía decir si la cúpula está "a fuera de peligro" o si tendrá que caer. Una ancha parte del techo de Palacio Real no existe más y con él se han ido cuadros y adornos y el agua utilizada para apagar la hoguera ha inundado rafinados estucos y frescos. En la Catedral hubiese podido ir peor pero el órgano no existe más y el baldaquín real resulta dañado. Los bomberos, gracias a Dios, han salvados gran parte de los paramentos litúrgicos de la iglesia y preciosos tapicies del '500. Empieza delante de la Catedral (ahora presidiada por las fuerzas públicas) una peregrinación de turineses que vienen a ver como está su catedral. La gente de la ciudad cuenta y acuerda este acontecimiento: se dice:"cuando lo supe yo estaba allá", o "estaba haciendo aquello", como cuando se llega a conocimiento de una desgracia ocurrida a familiares o amigos. Pero la ciudad reacciona. Ya la mañana del sábato, 8-10 horas después de la primera chispa, hay quien suscribe un fondo de solidariedad para la reconstrucción. El cardinal Saldarini, domingo 13 de abril, reune la iglesia en la Basílica de la Consolata y dirige a Dios el "Te Deum" de agradecimiento porque la Sábana Santa se ha salvado. La experiencia, en las palabras del obispo, llega a ser asi catequesis. "La tremenda confrontación con el fuego - escribió el cardenal en el semanal diocesano "La Voce del Popolo"- ha sido una llamada y una prueba para todos nosotros. Una prueba de nuestra fe, y al mismo tiempo de nuestra capacidad de no renegar nuestras raices: los valores del patrimonio histórico y artístico no son tales solamente en cuanto obras de artes insignes y testimonios de nuestro pasado: lo son, antes y más, en cuanto testimonio de una 'historia sagrada', la historia de nuestra fe que sigue ininterrumpida desde hace veinte siglos". En los dias siguientes los acontecimientos han tomado dos vías principales: por una parte el trabajo de policía y magistratura en búsqueda de las responsabilidades. Trabajo hecho difícil por la imposibilidad de hacer inspecciones en seguridad en los lugares del incendio. De hecho todavía no ha sido establecida la naturaleza del incendio después de 40 dias, aunque la hipótesis más probable parece ser la fatalidad. Pero trabajan duramente también los arquitectos y los bomberos para empezar desde ahora la restauración de las obras no destruidas y en particular de la cúpula del Guarini. La solidariedad de la gente no falta y es concreta: los fondos para la reconstrucción aumentan cada dia más. Sólo a "La Stampa" llega 1 millar y 50 millones de liras en un mes. Hace más soportable el recuerdo y el trabajo el anuncio que llega la noche de lunes 14 de abril: la inspección sobre la tela confirma que el Sagrado Lino no padeció daño. Al mismo tiempo el cardenal Saldarini confirma la cita con la ostensión de l998: una fecha que para los turineses llega a ser un empeño de honor con el mundo que, con los ojos de la fe, mira al hombre de la Sábana Santa, icona de Cristo único Salvador. Ettore GIRIBALDI
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