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“Es tu rostro, Señor, lo que yo busco”

     

    El Saludo del Arzobispo de Turín a los peregrinos en visita a la Sábana Santa en el año jubilar.

     

    Queridos peregrinos,

    dejen primero que les acoja con una calurosa y sincera bienvenida. Estoy seguro de que serán muchas y distintas las razones por las que acudieron a Turín en este año jubilar para “ir a ver a la Sábana Santa”. Y es justo en estos dos verbos “ir” y “ver” que, creo, está cerrado el sentido de vuestro peregrinaje. Es para responder a este mismo deseo que la diócesis de Turín, con la colaboración cercana y proficua con las entidades públicas, ha organizado esta Ostensión extraordinaria de la Sábana Santa, en el año del gran Jubileo, respondiendo a una precisa invitación del Papa.

    Ustedes, queridos hermanos, acudiendo a Turín cumplieron así uno de los gestos más significativos de la tradición cristiana: el peregrinaje. A lo largo de los siglos muchísimos cristianos, llevados por la fe, se pusieron en camino para alcanzar aquellas matas que, debido a la tradición y a la presencia de memorias significativas de la vida de Cristo y de sus discípulos, pudieran consolidar y enriquecer la fe en el Señor y Salvador de los hombres. El camino, a menudo pesado y difícil, acababa con esa misma dicha describida por el salmista cuando nos cuenta la llegada de los judíos a Jerusalén “Me puse alegre cuando me dijeron: ‘¡Vamos a la casa de Señor!. Ahora nuestros pasos se detiene delante de tus puertas, Jerusalén” (Sal 122). Y este deseo que quiero dirigirles en el momento en que lleguen a Turín: que vuestra estancia pueda ser tiempo de gracia y de encuentro con el Señor, tiempo de dicha y de conversión, tiempo de hermandad y de responsabilidad.

    Vuestro “ir” a Turín tiene una finalidad exacta, esa de “ver” a la Sábana Santa en este tiempo jubilar. Como recordaba en mi mensaje a la diócesis de Turín al principio del año jubilar: “El Jubileo es una maravillosa ocasión para un nuevo encuentro con el Salvador Jesús y podemos afirmar que la imagen del hombre de la Sábana Santa “enseñada” una vez más puede ser de gran ayuda para nuestro camino interior a la búsqueda del Redentor. La sagrada imagen deja transparentar el realismo de la encarnación. Delante del misterio de la Sábana Santa cabe hacer una clara distinción entre plan de la búsqueda científica, abierto a varias hipótesis, y plan del significado que la imagen puede tener para el creyente. Vista como signo, como icono, la Sábana Santa nos permite volver a tocar unos cuantos aspectos fundamentales de la fe cristiana y en particular al crudo realismo de la encarnación redentora”.

     

    Entonces ustedes también, queridos peregrinos, tendrán que vivir el alto delante de la Sábana Santa con la actitud interior de quien se pone a la búsqueda sincera del rostro de Cristo. El Papa durante su visita a Turín, en ocasión de la última ostensión de 1998, lo dijo con claridad: “El sagrado Lienzo nos lleva a medirnos con el aspecto más conturbador del misterio de la encarnación… Cada uno de nosotros queda turbado del pensamiento que ni siquiera el Hijo de Dios pudo resistir a la fuerza de la muerte, pero todos quedamos conmovidos al pensar que él fue tan parte de nuestra condición humana que quiso someterse a la impotencia total del momento en el que se apaga la luz”.

     

    La Sábana Santa es un signo sobre el que está impresa la sombra de la muerte, del sufrimiento y de la maldad humana. Los creyentes pero no miran al rostro del hombre de la Sábana Santa para complacerse del dolor y de la muerte. Ese rostro, para quien crea, está destinado a transfigurarse en resurrección. Nuestro recorrido jubilar delante de Sábana Santa tendrá que conducirnos a endosar el peso de la cruz, nuestra y de los hermanos, y a entrar en todas las situaciones de pasión y sufrimiento humano para llegar con la gracia de Cristo a la dicha de una vida nueva a todos los niveles. El silencioso rostro doliente del hombre de la Sábana Santa nos promete como don la resurrección.

    Como pastor de la diócesis de Turín que les acoge como peregrinos de la Sábana Santa, elegí un lema para esta Ostensión del Jubileo, una palabra del Salmo 27: “Tu rostro, Señor, yo busco” (v. 8). El hombre del Antiguo Testamento, igual que él de hoy, se siente rodeado por realidades adversas, vive en el miedo y va buscando seguridades. El se da cuenta de que sólo en Dios puede encontrarlas; pero quien puede ver a Dios? Sin embargo es tan grande el deseo de mirarlo a la cara. Dios mismo nos dio una posibilidad de hacerlo, enviándonos su “icono”, su Hijo. Pero tenemos que aceptarle con la elección que hizo: “El Hijo del Hombre debe sufrir…”. La Sábana santa nos enseña todo ese sufrimiento y nos invita a aceptar ese rostro en todas las manifestaciones de sufrimiento, hasta cuando no nos concedan contemplarle como glorioso. Mirando ese abismo de sufrimientos, tendremos una ayuda para reconocerle en el rostro de todos los hermanos que sufren y necesitan ayuda: nos daremos cuenta de que cada una de las ayudas a todos esos hermanos es un verdadero acto de amor hacia quien nos ha amado como más no podía.

    En nombre de este amor sin fin, que tuvo su culminación en la cruz de la que la Sábana Santa es “testigo silencioso”, una vez más, les vuelvo a hacer mi saludo de acogida de parte de toda la Iglesia turinesa y les doy la bendición.

    +Severino POLETTO
    Arzobispo de Turín,
    Guardián Pontificio de la
    Sábana Santa

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